La mayor parte de mi vida me la pasé acurrucado en el asiento de atrás de un Ford Fiesta. Ella tenía dieciocho, y veinte de los que matan en el bolso. Nos fuimos fumando uno a uno sus deseos y acabamos los dos sin ropa, con Pereza sonando fuerte.
Vahos repentinos y corazones en los cristales. Los dedos se quedaban fríos y la cabeza cada vez mas caliente. Íbamos lento, pero a nuestro ritmo. Del asiento del conductor al del copiloto; de allí al de atrás y acabar, uno encima del otro, en el pequeño maletero. La ropa daba calor y quitaba alas a la imaginación. Los giros violentos en su falda y el tira y afloja de mi cinturón. La quería. Cerraba los ojos, dejándome ver la sombra negra que se había pintado, mal y rápido, en los baños de Sirocco...
Volábamos hasta mañana. Y saltábamos en los conciertos. Y en el backstage. Y en las giras, y en los premios. Y en tu cama..
Lo dimos todo. Todo por nosotros. Y ahora, míranos: tiritando de frío en la bañera mientras suenan platos rotos en el salón.
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ResponderEliminarSr. Hook, hablemos de poetas. Hablemos de usted.
ResponderEliminarY lleva mucho tiempo sin escribir. Debería ser delito.
Tiene razón la señorita Clara
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